Llamadas al 911 revelan sufrimiento de los internos en el mayor centro de detención del ICE

EL PASO, Texas (AP),— Las llamadas al 911 del personal de Camp East Montana, en Texas, el mayor centro de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), se sucedieron a un ritmo de casi una al día durante cinco meses, cada una con su propio relato de dolor y desesperación.
Un hombre solloza tras ser agredido por otro detenido. Otro se golpea la cabeza contra la pared tras manifestar ideas suicidas. Una mujer embarazada se quejó de un fuerte dolor de espalda y además tenía coronavirus.
“Cada día se sentía como una semana. Cada semana se sentía como un mes. Cada mes se sentía como un año”, relató Owen Ramsingh, exadministrador de propiedades en Columbia, Missouri, que pasó varias semanas en el campamento antes de ser deportado en febrero a Holanda. “Camp East Montana era 1.000% peor que una prisión”.
Impulsadas por miles de millones de dólares en nueva financiación, las operaciones del ICE en todo el país han sacudido comunidades, separado familias y creado una cultura de miedo en aras de cumplir la promesa del presidente Donald Trump de librar al país de migrantes sin autorización.
Los arrestos masivos han hecho crecer los centros de detención y han hecho que el ICE emprenda una búsqueda nacional de espacio para alojar a los detenidos. Lejos de los “peores de los peores” que Trump prometió deportar, los datos de la agencia muestran que el 80% de los internos en el campamento no tenían antecedentes penales y, en cambio, quedaron atrapados en una redada de gran alcance.
Camp East Montana luce como una aldea improvisada, con seis largas carpas a lo largo de un tramo del desierto de Chihuahua, a las afueras de El Paso, en la base Fort Bliss del Ejército de Estados Unidos, que en su día albergó un campo de internamiento para estadounidenses de origen japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Dentro del campamento, construido a toda prisa, una serie de módulos de vida comunitaria aloja a miles de inmigrantes con uniformes codificados por colores y zapatos tipo Crocs.
Pero los relatos sobre las condiciones en la instalación, revelados en datos y grabaciones de más de un centenar de llamadas al 911 obtenidas por The Associated Press —además de entrevistas de seguimiento y documentos judiciales— ofrecen un inquietante retrato de hacinamiento, negligencia médica, desnutrición y angustia emocional.
Los detenidos describen un campamento donde, en promedio, han vivido unas 3.000 personas por día en espacios ruidosos e insalubres, en los que las enfermedades se propagan con facilidad y dormir es un lujo. El centro permanecerá cerrado a visitantes al menos hasta el 19 de marzo debido a un brote de sarampión, según la representante federal Veronica Escobar.
Los detenidos tienen dificultades para obtener medicamentos y atención médica, pierden cantidades preocupantes de peso por falta de comida y viven con miedo a los guardias de seguridad privada, conocidos por usar la fuerza para sofocar disturbios. Los techos de las carpas sin ventanas gotean cuando llueve y solo ven la luz del sol durante breves salidas una o dos veces por semana a un estrecho patio de recreación.
En un correo electrónico, un portavoz del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) que no proporcionó su nombre rechazó las afirmaciones de condiciones deficientes y sostuvo que los detenidos de Camp East Montana reciben comida, agua y tratamiento médico en una instalación que se limpia con regularidad.
La agencia indicó el martes que las operaciones normales continúan en el campamento. The Washington Post informó el miércoles que el ICE ya estudia un plan para cerrarlo.



