Opinión

Monseñor Jesús María de Jesús Moya

Hay personas cuya existencia trasciende el tiempo que permanecen físicamente entre nosotros. Hombres que, sin necesidad de grandes reconocimientos ni de exhibiciones de autoridad, consiguen ganarse el respeto, el cariño y la admiración de toda una sociedad. monseñor Jesús María de Jesús Moya fue, sin lugar a dudas, uno de ellos.

Su fallecimiento, ocurrido el miércoles 4 de noviembre, constituye una pérdida sensible para la Iglesia católica dominicana y, particularmente, para San Francisco de Macorís y toda la región Nordeste, donde durante décadas desarrolló una extraordinaria labor pastoral, educativa y social.

Pero más allá de los títulos eclesiásticos, las responsabilidades que desempeñó y los reconocimientos recibidos, hay una dimensión de su vida que merece ser destacada: su condición de hombre humilde, sencillo, cercano a la gente y comprometido con los valores humanos y cristianos.

Monseñor Moya perteneció a esa generación de sacerdotes que entendieron el ministerio religioso como una vocación de entrega, sacrificio y servicio. Su vida fue una expresión de que la autoridad espiritual no necesita imponerse mediante la arrogancia, porque encuentra su verdadera fortaleza en el ejemplo, la prudencia y la calidad humana.

DE SABANA ANGOSTA AL ALTAR DEL SERVICIO

Nació el 28 de noviembre de 1934 en Sabana Angosta, comunidad perteneciente a Villa Tapia. Desde muy joven sintió inclinación por la vida religiosa y, cuando apenas tenía 16 años, ingresó al Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, el 27 de septiembre de 1950.

Allí cursó estudios de Humanidades, Filosofía y Teología, preparándose para una misión que terminaría ocupando más de seis décadas de su existencia.

El 18 de marzo de 1961 fue ordenado sacerdote en la Catedral Santiago Apóstol, de Santiago de los Caballeros, por monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito.

A partir de entonces comenzó una trayectoria de servicio que lo llevó a desempeñar diversas responsabilidades dentro de la Iglesia. Fue vicario parroquial, capellán, profesor, ecónomo, vicerrector y rector del Seminario Menor San Pío X, además de ocupar otras funciones pastorales y administrativas.

Su formación académica también incluyó estudios de posgrado en Madrid, España, Quito y Ecuador.

El 13 de abril de 1977 fue nombrado obispo auxiliar de Santiago de los Caballeros y recibió la ordenación episcopal el 21 de mayo de ese mismo año.

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