Más allá de Jimmy Kimmel: la guerra de Trump contra los late night

Lo sucedido este miércoles con Jimmy Kimmel y su salida del aire tras su monólogo relacionado a la muerte de Charlie Kirk -que, en realidad, estuvo centrado en el presidente Donald Trump– es el último capítulo de una accidentada relación entre el mandatario, su administración y los programas de entretenimiento nocturno en Estados Unidos.
Desde 2016, figuras como Stephen Colbert, Jimmy Fallon, Seth Meyers y Jimmy Kimmel han convertido sus monólogos en escenarios de sátira y crítica política directa contra el líder republicano. Estos espacios, tradicionales en la cultura mediática estadounidense, han usado el humor para abordar escándalos, discursos y acciones del magnate, elevando las audiencias pero también intensificando la polarización.
Trump, fiel a su estilo, no ha permanecido en silencio. En múltiples ocasiones, usando su plataforma Truth Social y antes en Twitter, ha acusado a los presentadores de “fracasados”, “sin talento” y de mantener “ratings en caída libre”.
Momentos icónicos incluyen cuando criticó a Jimmy Fallon por haberse disculpado por «suavizarle» el cabello durante una entrevista en 2016. O sus ataques a Colbert, a quien llamó «repugnante».
La tensión entre Trump y los late night refleja la fusión entre política y entretenimiento, donde la comedia nocturna juega un papel central en la percepción pública de los líderes.
Stephen Colbert: el comediante más crítico con Trump
Desde la campaña presidencial de 2016, Stephen Colbert transformó su programa The Late Show en una tribuna de sátira contra Donald Trump. Cada monólogo nocturno abordaba temas de actualidad con un tono crítico y humor mordaz, lo que lo convirtió en una de las voces mediáticas más influyentes en la oposición cultural al expresidente.
Los ratings de The Late Show subieron significativamente durante el mandato de Trump, reflejando el interés de la audiencia por un espacio donde el humor funcionaba como resistencia política.
Trump, en varias ocasiones, respondió a Colbert llamándolo “repugnante” y asegurando que su éxito dependía exclusivamente de atacarlo. Sin embargo, el comediante convirtió esas críticas en combustible para fortalecer su estilo directo y sarcástico.
Colbert se posicionó como referente de la sátira política televisiva, consolidando la importancia del humor en el debate público estadounidense. Sus choques con Trump se recuerdan como parte esencial de la relación entre política y entretenimiento en la última década.
El día que Jimmy Fallon «suavizó» a Trump
En septiembre de 2016, Jimmy Fallon invitó a Donald Trump a The Tonight Show cuando aún era candidato presidencial. Durante la entrevista, Fallon le despeinó el cabello en un gesto que parecía inocente, pero que generó críticas por muchos sectores al considerar que “humanizaba” a Trump en un momento de gran polarización política.
La reacción mediática no se hizo esperar: miles de espectadores y analistas acusaron al comediante de resultar demasiado complaciente con un político que generaba divisiones profundas en la sociedad estadounidense.
En 2018, Fallon se disculpó públicamente y dijo que no tuvo la intención de darle un trato favorable a Trump. Esta disculpa provocó una reacción furiosa del expresidente, quien lo calificó de “débil” y “sin talento” a través de redes sociales.
Desde entonces, Fallon se convirtió en blanco recurrente de los ataques de Trump, que aprovechaba cada oportunidad para criticar la televisión nocturna. Este episodio se recuerda como uno de los choques más sonados entre política y entretenimiento en Estados Unidos.
Trump vs. Seth Meyers: el discurso que nunca olvidó
La tensión entre Donald Trump y Seth Meyers se remonta a 2011, durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. En ese evento, Meyers ridiculizó abiertamente a Trump, entonces empresario y figura mediática, por sus rumores de aspirar a la presidencia y su promoción de la teoría del “birtherismo” contra Barack Obama.
La burla fue tan fuerte que, según analistas, Trump nunca la olvidó. Para muchos, ese episodio marcó el inicio de la enemistad personal con Meyers y con gran parte del humor político estadounidense.
Cuando Trump llegó a la presidencia en 2016, Meyers utilizó su programa Late Night with Seth Meyers como un espacio recurrente de sátira y crítica. Sus segmentos “A Closer Look” se convirtieron en referencia diaria para analizar, con humor e ironía, las acciones de la administración.
Trump respondió en varias ocasiones con ataques personales, calificando a Meyers de “aburrido” y asegurando que su programa tenía “ratings en picada”. Sin embargo, la audiencia digital de Meyers creció gracias a sus monólogos virales en YouTube y redes sociales.
Trump y Jimmy Kimmel: un enfrentamiento sin tregua
Jimmy Kimmel se convirtió en uno de los presentadores nocturnos más críticos de Donald Trump. Desde la Casa Blanca, el expresidente fue blanco constante de los monólogos del comediante en Jimmy Kimmel Live!, lo que generó una relación marcada por la confrontación pública.
Trump, por su parte, no escatimó ataques: lo calificó de “incompetente” y “sin talento”, llegando a presionar para que cadenas como ABC lo despidieran. La tensión alcanzó niveles inéditos en la televisión estadounidense. Tensiones que suman un climax con la suspensión de Kimmel esta semana.
La pelea entre ambos simboliza la fusión entre política y cultura pop, donde la televisión nocturna se ha transformado en un campo de batalla ideológico.
Un espacio clave: Saturday Night Live (SNL)

En noviembre de 2015, Donald Trump participó como anfitrión en Saturday Night Live (SNL) en plena campaña presidencial. Aunque generó rating histórico, la relación pronto se torció: el programa se convirtió en uno de sus críticos más fuertes desde la comedia.
Durante la presidencia de Trump, el actor Alec Baldwin lo imitó de forma recurrente, caricaturizando sus gestos y discursos. Estas parodias se hicieron virales en redes sociales y ganaron premios televisivos, pero provocaron la furia del mandatario, que acusó a SNL de manipulación política.
Trump llegó a exigir que la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) revisara el programa, alegando parcialidad. Sin embargo, las imitaciones consolidaron a SNL como un espacio clave de oposición cultural en la era Trump.
Sátira como resistencia cultural
En la última década, los late night shows pasaron de ser espacios de entretenimiento a convertirse en tribunas críticas contra el poder político en Estados Unidos. Estos programas usaron la sátira para cuestionar decisiones presidenciales, discursos oficiales y controversias personales. Con ello, la televisión nocturna adquirió un rol central en la conversación pública.
El humor televisivo no solo entretuvo, también moldeó percepciones. En muchos casos, las críticas de los comediantes resonaron más que las de analistas políticos y confirmaron su capacidad de actuar como contrapeso cultural, evidenciando cómo la risa puede convertirse en una forma de poder blando.
Ahora, el caso de Jimmy Kimmel senta un precedente en el desencuentro. Al parecer, la administración Trump ha aprendido a utilizar eficazmente los poderes regulatorios del gobierno federal para castigar la expresión que no le gusta de quienes no le agradan. Durante una aparición en un podcast el miércoles, el director de la FCC, Brendan Carr, amenazó con revocar las licencias de transmisión de cualquier estación que continuara transmitiendo el contenido de Kimmel.
“Es hora de que intervengan y digan que esta basura… no es algo que creamos que satisfaga las necesidades de nuestras comunidades locales”, dijo.
La amenaza de Carr debería haber sido ineficaz. La FCC tiene prohibido por ley ejercer el poder de censura o interferir con el derecho a la libertad de expresión. Existe una excepción muy limitada y poco utilizada para la «distorsión de noticias», en la que un medio de comunicación emite noticias falsas a sabiendas. Lo que hizo Kimmel —un comentario improvisado basado en pruebas poco sólidas— es muy diferente a crear un reportaje con la intención de engañar.







