Heridas invisibles: el impacto de la violencia de género en la salud mental de víctimas en RD

El drama que viven miles de mujeres en la República Dominicana se esconde detrás de las cifras oficiales, las cuales revelan una crisis humana desgarradora que se repite día tras día en los hogares del país.
Según la Procuraduría General de la República, a través de Datos Abiertos, durante el año 2025 se registraron 73,295 denuncias formales por violencia intrafamiliar, de género y delitos sexuales en las fiscalías dominicanas, un dato que solo representa la punta del iceberg de un calvario cotidiano.
Detrás de cada denuncia hay una mujer que ha decidido romper el silencio, pero también una historia de miedo, sometimiento y afectaciones que pueden permanecer, incluso, después de alejarse de su agresor.
Esta realidad cobra un matiz aún más grave al analizar las manifestaciones específicas del problema, donde la violencia intrafamiliar representa el 52.57% de los casos (más de 38,000 denuncias), seguida por la violencia de género con un 34.55% y los delitos sexuales con un 12.88%.
Esta abrumadora concentración de los abusos dentro del entorno doméstico demuestra que el lugar que debería garantizar protección se convierte, para la mayoría de las víctimas, en el escenario principal de su tormento. Vivir bajo el mismo techo que el agresor transforma la rutina diaria en un estado de alerta permanente, donde el control extremo, los insultos y las agresiones físicas van calando profundamente en la estructura emocional de la mujer.
Mientras el sistema de justicia contabiliza expedientes, lesiones físicas y emite un promedio mensual de más de 3,000 órdenes de protección para evitar desenlaces fatales, las secuelas psicológicas permanecen como marcas invisibles pero destructivas.
El estrés postraumático, la depresión severa, los trastornos de ansiedad, la pérdida absoluta de la autoestima y las ideas suicidas son las consecuencias directas de habitar en un ciclo incesante de violencia.
La gravedad del impacto en la salud mental se intensifica al observar el perfil demográfico de las personas afectadas, donde el 43.20% de las denunciantes son mujeres jóvenes de entre 18 y 34 años. Que la violencia impacte con tanta fuerza a esta población significa que miles de dominicanas están atravesando la etapa más productiva de sus vidas con la salud mental profundamente fracturada.
El trauma psicológico acumulado durante estas edades no solo limita su desarrollo personal, profesional y económico, sino que perpetúa en sus hijos y al núcleo familiar completo, consolidando la salud mental como una urgencia de salud pública que requiere atención psicológica especializada, sostenida e integral más allá del castigo penal al agresor.
“No me voy a recuperar nunca”
Han pasado seis años desde que Irene Santos logró que el hombre que durante años ejerció violencia contra ella fuera condenado a 15 años de prisión. En el 2020 su pareja le propinó dos tiros, uno en un brazo y otro en el pecho, dejándola por muerta. Sin embargo, el encierro de su agresor no significó el final de aquella historia. Para ella, las consecuencias del episodio continúan presentes, como una herida que el tiempo no ha conseguido cerrar.
“Yo no me he recuperado de eso y no me voy a recuperar nunca”, afirma. Su relato revela una de las dimensiones menos visibles de la violencia, son las secuelas psicológicas que permanecen incluso cuando la víctima logra sobrevivir, denunciar y conseguir una sentencia judicial.
Irene reconoce que, aunque su entonces pareja fue encarcelado, permanece con miedo. “Eso no se olvida más nunca en tu vida”, sostiene al recordar lo ocurrido.
La sentencia puso al agresor tras las rejas, pero, según su testimonio, después de aquel proceso no recibió un acompañamiento integral por parte del Estado. Asegura que nunca fue remitida a un proceso de atención psicológica por la Fiscalía, tampoco recibió visitas de seguimiento en su vivienda ni asistencia por parte del Ministerio de la Mujer, para afrontar las consecuencias de la violencia.
Su relación con el sistema de justicia continúa solamente a través de las audiencias. Cada vez que el condenado solicita un procedimiento judicial, ella recibe una notificación y debe presentarse. Durante estos seis años, explica, ha tenido que mantenerse pendiente del proceso y acudir a las audiencias para evitar perder el seguimiento del caso.
Por otro lado, a Leticia, de 55 años, la muerte le pasó rozando la cabeza. Durante años vivió en un hogar marcado por la violencia, hasta que una discusión que comenzó por un asunto aparentemente trivial relacionado con uno de los cuatro hijos de la pareja, terminó convirtiéndose en una tragedia.
La discusión subió de tono y, en medio del enfrentamiento, su pareja tomó un arma y le disparó en la cabeza. Leticia sobrevivió al intento de feminicidio. El hombre creyó que la había matado, salió del lugar, corrió hacia un negocio que ambos tenían y allí se quitó la vida.
Pero para Leticia la tragedia no terminó con aquel disparo. Sobrevivir significó cargar con una herida física y, sobre todo, con un trauma que nadie se ocupó de acompañar. Después de haber estado al borde de la muerte, asegura que nunca recibió seguimiento psicológico por parte del Estado ni acompañamiento de una institución que la ayudara a reconstruir su vida después de aquella experiencia.
“Mucha gente piensa que después de sobrevivir a un hecho así, lo más difícil es el momento del ataque. Pero no necesariamente. Hay cosas que vienen después y que también hacen mucho daño. En mi caso, uno de los mayores dolores fueron los comentarios de las personas”, relata.
Leticia tuvo que aprender a convivir con el recuerdo de aquella escena y con las consecuencias emocionales de haber sobrevivido a quien, durante años, formó parte de su vida.
Violencia contra mujeres se recrudece
La directora del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia del Ministerio Público, Solange Alvarado, advierte que la gravedad de la violencia contra las mujeres es mayor de lo que suele percibirse. “La gente no sabe lo grave que es la violencia. Es peor de lo que la gente conoce. Lo que ocurre en una dinámica de violencia es terrible”, expresa.
Alvarado sostiene que la violencia se ha recrudecido con el paso de los años y que también se han agravado las formas en que algunos hombres agreden a las mujeres.
Señala que anteriormente los ataques podían estar dirigidos principalmente contra la pareja, pero ahora también pueden alcanzar a personas cercanas a la víctima.
“Antes, los hombres mataban a la mujer; ahora matan al niño, matan a la mamá, a la amiga, a un allegado”, afirma.
La funcionaria también describe cambios en las formas de maltrato físico que enfrentan las mujeres. “Con el paso de los años se va volviendo más fuerte la violencia”, manifesta, al referirse a prácticas de agresión y humillación que, según explica, han adquirido mayor gravedad.
“Fíjate que antes era en la cara y ahora el tipo de golpe va bajando y es un golpe más humillante, son patadas. Es un tipo de golpe más denigrante. Entonces es muy difícil, es muy doloroso”, expresa Alvarado al describir la evolución de estas agresiones.
Las secuelas de la violencia
La psicóloga clínica y terapeuta familiar, Angie Santana, considera un error asumir que la violencia física es la única forma de agresión o necesariamente la que más daño provoca.
La especialista indica que los insultos, las amenazas, la intimidación, el control y la humillación pueden deteriorar progresivamente la seguridad y la percepción que una mujer tiene de sí misma.
Santana sostiene que cuando la violencia emocional y psicológica se puede prolongar durante meses o años, y las consecuencias pueden ser severas y, en algunos casos, persistentes.
La especialista señala entre ellas el miedo constante, la ansiedad, la tristeza, la culpa, la vergüenza, la pérdida de autoestima y la sensación de indefensión, estados que pueden dificultar que la víctima rompa el ciclo de violencia y reconstruya su vida aun después de alejarse del agresor.
Mientras que el doctor Edison Rodríguez Díaz, médico psiquiatra, advierte que las huellas de la violencia pueden permanecer durante largo tiempo y requieren un proceso de recuperación acompañado para que la víctima pueda sanar y reintegrarse afectiva y socialmente.
Explica que la exposición prolongada a diferentes formas de violencia deteriora la autoimagen y la afectividad, haciendo que la persona pierda progresivamente seguridad y confianza en sí misma.
Rodríguez Díaz señala que este daño también puede dificultar la capacidad de ejercer autonomía y establecer límites para proteger su integridad, por lo que considera fundamental el acompañamiento profesional e institucional durante el proceso de recuperación.
Una respuesta integral
El Estado debe extender sus esfuerzos más allá de la recepción de la denuncia o proceso judicial y garantizar un seguimiento integral a las víctimas de violencia de género. La protección debe incluir atención psicológica, asistencia legal, acompañamiento social y mecanismos que permitan evaluar de manera continua el nivel de riesgo al que permanece expuesta cada mujer, especialmente cuando existen amenazas o antecedentes de agresión.
La respuesta institucional no debería terminar cuando se dicta una condena o una orden de protección. Muchas mujeres necesitan apoyo para recuperar su estabilidad emocional, reconstruir su autonomía y retomar su vida.
El psiquiatra Edison Rodríguez Díaz considera que el sistema dominicano debe desarrollar estrategias unificadas que articulen al personal de salud, las autoridades, las comunidades y las instituciones de apoyo para ofrecer respuestas verdaderamente integrales.
Rodríguez Díaz sostiene que el Estado dominicano dispone de diversos mecanismos legales y médicos para enfrentar esta problemática, pero entiende que es necesario fortalecer la supervisión y la comunicación entre esas instancias.
A su juicio, también debe existir una coordinación más efectiva para que las decisiones estén orientadas principalmente a la prevención y no únicamente a responder cuando los casos de violencia ya han ocurrido.
De igual modo, la presidenta del Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM), Soraya Lara Caba, considera que el Estado debe invertir mayores recursos en la atención de la salud mental de las mujeres sobrevivientes de violencia.
Lara Caba señala que en el país hacen falta programas de prevención de la violencia con un abordaje integral, que permitan atender las consecuencias psicológicas y sociales que enfrentan las víctimas.

Destinan RD$396.8 MM atención psicológica
El Estado dominicano destinó un total de RD$376,202,154 en 2024 y RD$376,418,033 en 2025 para la atención y recuperación psicológica de mujeres víctimas de violencia, mientras que para 2026 dispone de un presupuesto de RD$396,888,380, de acuerdo con informaciones del Ministerio de la Mujer
La asignación representa un incremento de RD$686,226 entre 2024 y 2025, mientras que el monto disponible para 2026 supera en RD$20,470,347 el presupuesto destinado en 2025. Sin embargo, el Ministerio de la Mujer aclaró que no tiene competencia legal, infraestructura clínica ni control de los registros necesarios para evaluar la capacidad operativa de la red pública de salud mental.
El Ministerio de la Mujer sostuvo, a través del Portal Único de Solicitud de Acceso a la Información Pública (SAIP), que aborda el impacto de la violencia de género desde un enfoque biopsicosocial y de derechos humanos, al considerar que la violencia contra las mujeres constituye un problema crítico de salud pública y una de las principales causas de afectación de la salud mental femenina en el país.
Sin embargo, el Ministerio de la Mujer se negó a conceder una entrevista a quien escribe para abordar sus políticas públicas frente a la violencia de género y explicar las acciones que desarrolla para prevenirla y atender a las víctimas.
Reacciones
![]() | Es peor de lo que la gente conoce. Lo que ocurre en una dinámica de violencia es terrible” Solange Alvarado Directora del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia |
![]() | Existen consecuencias que en mucho de los casos son permanentes cuando la víctima es sometida a periodos largos de violencia emocional” Angie Santana Psicóloga clínica y terapeuta familiar |
![]() | El sistema dominicano debe desarrollar estrategias unificadas que involucren a los diferentes actores” Edison Rodríguez Díaz Médico psiquiatra, |
![]() | El Estado debería inventir más recursos en la salud mental de las mujeres que han sufrido violencia” Soraya Lara Caba Presidenta del PACAM |







