Opinión

Hasta cuando las malas prácticas médicas seguirán en RD

Por Narciso Acevedo

Las calamidades de las víctimas de negligencia médica van mucho más allá de un error en el quirófano.
La vida después de una mala práctica médica se convierte en una lucha diaria, una carga que no solo es física y emocional, sino también financiera.

Los pacientes que sufren las consecuencias de una negligencia médica a menudo tienen que afrontar gastos millonarios para poder seguir viviendo y recuperar, en la medida de lo posible, la funcionalidad perdida.
​Un camino de gastos y desesperación

​La lista de gastos es interminable y abrumadora.

Un paciente que ha sido víctima de una negligencia médica puede necesitar múltiples cirugías correctivas para reparar el daño causado, lo que implica más gastos en hospitalización, honorarios de cirujanos, anestesistas y personal de apoyo.

A esto se le suma el costo de tratamientos de rehabilitación prolongados, como terapia física, ocupacional y, en muchos casos, terapia psicológica para lidiar con el trauma y la depresión.

​Imaginemos a una persona que entró al quirófano por una cirugía de rutina y salió con una lesión permanente que la dejó postrada en una silla de ruedas, además condenado por la falta de recursos a tener que usar pañales y otros materiales para poder vivir en precariedades. Ahora, esa persona no solo tiene que afrontar el costo de la rehabilitación, sino también adaptar su hogar, comprar equipos de movilidad especializados, y pagar por cuidados de enfermería a largo plazo. Estos gastos pueden agotar los ahorros de toda una vida y llevar a las familias a la bancarrota.

​La carga emocional y la búsqueda de justicia

​Además de la carga y cffinanciera, el impacto emocional es devastador. La confianza en el sistema de salud se desmorona, y la vida se llena de miedos y ansiedades.

La persona que se suponía debía sanar, ahora vive con un recordatorio constante de la traición y la irresponsabilidad de un profesional en el que confió plenamente.

La búsqueda de justicia se convierte en una batalla legal agotadora, que a menudo requiere de abogados costosos, peritajes médicos y un tiempo que la víctima no tiene.

En muchos casos, los resultados no son los esperados y la justicia nunca llega.

​Esta realidad es la que condena a muchas personas a una vida de sufrimiento y dificultades, mientras que los responsables, en la mayoría de los casos, siguen ejerciendo su profesión impunemente. La falta de consecuencias para los médicos negligentes perpetúa un ciclo de impunidad que deja a las víctimas a su suerte, cargando con una cruz de por vida.

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