El Nordeste despide con fe y gratitud a monseñor Jesús María de Jesús Moya

San Francisco de Macorís.- El cielo sobre la región Nordeste parece unirse al llanto de todo un pueblo. En medio de una manifestación colectiva de profundo dolor, la Iglesia católica y la sociedad civil se aprestan a dar sepultura a quien durante décadas no solo fue obispo de esta diócesis, sino el principal impulsor del crecimiento espiritual, intelectual y social de toda la región.
Desde el momento en que se anunció su partida al encuentro con el Creador, la catedral Santa Ana se convirtió en el epicentro de un peregrinaje ininterrumpido. Cientos de personas han desfilado por el templo para ofrecer un abrazo de consuelo a sus familiares más cercanos, entre ellas Rosina y Carmen Jáquez, de Sabana Angosta, Villa Tapia, quienes compartieron su vida cotidiana y se convirtieron para él en entrañables hijas del corazón.
Durante las exequias, las más altas autoridades eclesiásticas del país se han dado cita para rendirle honores y despedir con solemnidad a un hombre de Dios que supo volar alto sin separarse jamás de su gente. Destaca la presencia de distinguidos prelados que forman parte de ese fructífero relevo generacional que Monseñor Moya se dedicó a formar y guiar doctrinalmente a lo largo de su ministerio pastoral, entre ellos:
Monseñor Ramón Alfredo de la Cruz Baldera, obispo de esta diócesis, además hoy presidente de la Comisión del Episcopado Dominicano; Monseñor Julio César Corniel, obispo de la Diócesis de Puerto Plata; Monseñor Andrés Napoleón Romero, obispo de la Diócesis de La Vega; Monseñor Francisco Ozoria Acosta, quien hasta hace poco se desempeñó como arzobispo de la Catedral Primada de América.
Junto a ellos, el reverendo doctor Isaac García de la Cruz, rector de la Universidad Católica Nordestana (UCNE), encarna también esa cosecha de sacerdotes y líderes formados bajo el testimonio de entrega y sacrificio a la causa divina que caracterizó el magisterio de Monseñor Moya.
En el plano institucional, la Fuerza Aérea de la República Dominicana rinde hoy los honores militares correspondientes, recordando su abnegado servicio como capellán de ese organismo militar.
Un legado escrito en el corazón de la gente: vida, entrega y evangelio
La vida de Monseñor Jesús María de Jesús Moya no se midió por títulos ni honores, sino por su capacidad inagotable de amar, servir y dignificar la condición humana. Su lenguaje, siempre sereno y sublime, fue la fiel expresión de una mano extendida hacia el necesitado, el campesino, el estudiante y el afligido.
Todos en esta tierra recuerdan su gesto humilde y entrañable: la sonrisa franca con la que recibía a quien le saludaba y la clásica menta que regalaba como símbolo de dulzura y afecto sincero.
Como verdadero pastor y maestro, dedicó años a preparar a las nuevas generaciones de la Iglesia, dejando una impronta doctrinal y humana en aquellos obispos y sacerdotes que hoy ocupan los más altos peldaños de la misión católica en la República Dominicana.
Hoy, la tierra acoge sus restos mortales, pero la fe cristiana nos enseña que la muerte no tiene la última palabra. Monseñor Moya estará desde hoy en un lugar muy especial al lado del Señor, pero sus recuerdos y enseñanzas vivirán por siempre en el corazón de cada nordestano que, desde nuestras costas y campos, encontró en él a un verdadero enviado de Dios a la tierra. Paz a su alma.



