Antonio Cruz: el hombre que convirtió la venta de libros usados en una vida de dignidad

Algunas historias no se encuentran en grandes oficinas ni en títulos académicos, sino en las esquinas del parque donde la vida se abre paso con dignidad. Tal es la de Antonio Cruz, quien ha dedicado más de 50 años a trabajar en San Francisco de Macorís, sosteniendo a su familia con libros usados, café y mucho empeño.
Sentado en una esquina del parque de la ciudad, con libros usados, revistas, periódicos y café, José Antonio Cruz ha convertido su espacio en un rincón de aprendizaje y encuentro. Nacido en Nagua, pero residente en San Francisco de Macorís desde hace 55 años, Antonio encarna la historia de quienes, a pesar de las dificultades, han logrado sostener a su familia con esfuerzo y dignidad.
Desde hace 12 años se dedica a la venta de libros escolares usados, una labor que complementa con la venta de café. Sin embargo, su vida de trabajo comenzó mucho antes: limpiando zapatos, ofreciendo paletas, vendiendo muñequitos de “Kalimán” y hasta manejando una paquetería. “Yo lo he pasado todo aquí, ya tú sabes. No ha sido fácil”, recuerda con voz firme y mirada serena.
A pesar de haber cursado sólo hasta quinto de primaria, Antonio nunca dejó de acercarse al conocimiento. Relata que fue él mismo, ya con 20 años, quien decidió inscribirse en la escuela nocturna porque de niño no lo habían apuntado.
“Si me hubieran apuntado temprano, quizá otra vida hubiera tenido. Pero aun así me siento orgulloso, porque con lo que he hecho pude mantener a mi familia”, dice, mientras hojea un viejo ejemplar de Santillana que alguna vez pasó por sus manos como primer negocio.
Su emprendimiento permitió que sus hijos salieran adelante. Hoy uno reside en Nueva York, otro trabaja en Telenor y los demás tienen empleos en el país. Aunque ninguno llegó a ser profesional universitario, Antonio sonríe satisfecho al saber que su esfuerzo les brindó oportunidades.
Para él, emprender significa más que buscar dinero: es una forma de vida. Su mensaje a los jóvenes es directo y sin rodeos: “Que trabajen y se alejen de los vicios. De cualquier cosa uno vive. El que quiere, puede”.
A sus 50 años de lucha en el parque, Antonio ha demostrado que la perseverancia puede vencer a las carencias, y que incluso un oficio humilde, cuando se hace con honestidad, puede convertirse en motor de esperanza. Su vida es un recordatorio de que la dignidad no se mide en títulos, sino en la capacidad de sostener con amor a la familia y de mirar hacia atrás con la certeza del deber cumplido.




